Precaución entre monstruos

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Kai casi se mordió la mano ante la frustración. Por fin había llegado el día del viaje y era incapaz de completar el último paso para escapar: cerrar las maletas. Respiró con fuerza y empezó el proceso de nuevo. Esta vez pudo completar la la maleta pequeña, pero la maleta grande era diferente. No tardó en encontrar resistencia en la cremallera y un familiar y odioso pinchazo en su mano le hizo soltar la maleta. El corte, que viajaba desde su palma hasta casi llegar a su antebrazo, parecía estremecerse como un ciempiés. Kai soltó un quejido ante el dolor y escuchó pasos a su espalda.

Simón había llegado desde el salón y se estaba apoyando en el marco de la puerta de su habitación.

—¿Necesitas ayuda? —preguntó su compañero de piso.

Kai no se volvió, su atención en el contenido expuesto de la maleta: los pins, las fotos, los permisos de visita, las pastillas y jeringuillas… incluso el tipo de ropa no correspondería con la historia que le había contado. No podía dejar que lo vería, había escondido esa parte suya desde que se conocieron y no podía revelarla ahora.

—No, gracias —respondió elle— . Esto es bueno, el doctor me dijo que tengo que ejercitar la mano de vez en cuando. Ayuda a que la herida se recupere.

Lo intentó otra vez y contuvo el dolor hasta que sus secretos estuvieron a salvo. Con un poco de sudor en la frente, Kai cogió sus maletas y se dio la vuelta. Simón lo estaba mirando fijamente, su expresión neutra hasta que mostró una pequeña sonrisa:

—Como quieras, tío, ten cuidado de no esforzarte demasiado, no quiero tener que llevarte al hospital —dijo Simón, quién entonces miró a la ventana, a la noche que aún no había desaparecido ante el amanecer—. Oye, aún esta un poco oscuro, ¿quieres que te acompañe a la parada de bus? No es como si tenga que hacer algo hoy.

Kai contuvo un suspiro. Había tenido la esperanza de evitar esta situación al salir temprano, pero Simón resulto ser una de esas personas que se levantaba a horas imposibles, fuera a trabajar o no. Le había sido imposible esconder la herida, así que tuvo que contarle una versión corregida del ataque. Sabía que Simón probablemente tenía buenas intenciones, pero no podía permitirse riesgos, no en este viaje. Era posible que su compañero de piso no fuera intolerante, que fuera capaz de aceptarle a elle, sus relaciones, a alguien dispueste a visitar Teress. Sin embargo, aún podía ponerle o incluso ponerse a si mismo en riesgo, decírselo a la persona equivocada o ser atacado por estar relacionado con elle. ¿Y que pasaría si Simón se radicalizaría en el futuro? No, no podía confiar en él, no en esto.

—Simón, lo agradezco,de verdad, —Kai empezó a caminar y Simon le dejo pasar—, pero no quiero que te molestes. La parada no esta lejos, estaré bien.

Su compañero asintió con la cabeza y mientras elle se disponía a salir, se sentó en el sillón y encendió la televisión.

—Albert Morton, líder de los Cielos Despejados, ha acusado al gobierno de “proteger al bando equivocado”, debido a las acciones tomadas por el cuerpo de seguridad del Muro de Capgras en el reciente incidente. Además, Morton ha continuado presionando por una política de tolerancia cero en Teress, demandando más restricciones y menos ayudas. Aunque están medidas han sido criticadas por muchos como extremistas y discriminatorias, el apoyo a su partido político ha crecido un…

Simón cambio de canal sin decir una palabra. Kai le observó en silencio. No era suficiente como para concluir nada sobre su compañero de piso.

—Bueno, me voy —Kai abrió la puerta—. Escríbeme si pasa algo, Simón.

—Nada, tío, nos vemos la semana que viene —Simón se despidió desde el sillón.

Kai contuvo un suspiro, respondió el gesto y salió del apartamento. Afuera, tomó el viento nocturno, pero ese no era el aire que quería en esos momentos. Con las maletas colgando en sus hombros, Kai rebuscó en sus bolsillos para sacar un paquete casi vació de cigarrillos. El dolor en su mano no fue suficiente como para impedirle que encendería uno y se dirigiera a la estación de bus. Las calles a su alrededor no estaban solo desiertas por la hora, pues a medida que caminaba, se encontraba con más casas y tiendas abandonadas, carteles descoloridos de “Se vende” por doquier. Era una decadencia que la ciudad de Brubak sufrió como resultado del evento que había cambiado el mundo por completo:

La caída de un OVNI en la ciudad de Hali, en la comunidad autónoma de Teress. El OVNI, con un aspecto maleable y que eventualmente sería clasificado como un Vehículo Extraterrestre o VET, liberó una incomprensible Señal a las redes y el Humo Azul en la comunidad de Teress, transformándola para siempre. Brubak apenas se salvó, pues el Humo se detuvo apenas a un par kilómetros de la ciudad. Incluso con la inminente construcción del Muro de Capgras, las murallas que separaban Teress del resto del país, muchos prefirieron no regresar de la evacuación y abandonar la ciudad. No ayudó que meses después, se desataría una corta pero devastadora guerra en Teress que arruinaría más a Brubak. La ciudad pareció solo perdurar con la llegada de grupos atraídos por Teress: los obreros que construirían el Muro, los científicos y médicos para estudiar la comunidad y al final los burócratas y guardias que mantendrían el estatus quo sobre Teress. Y tras años de ese estado, Brubak comenzó a recuperarse, aunque como Kai podía observar a su alrededor, aún quedaba un largo camino para que volviera a ser lo que fue antes del Humo Azul.

En la actualidad, el influjo de población más reciente eran aquellos que se trasladaban para trabajar mejor en la Señal, como era el caso con Simón y Kai. Por supuesto, Kai tenía sus propios motivos por quedarse en Brubak, a pesar de sus peligros. Peligros que no pudo evitar rememorar: el ataque que rompió su vida y la de Ned. Una parte suya deseó haberle seguido a un sitio más seguro, mantenido su relación con él. Pero era una parte pequeña y le fue fácil de ignorar, pues no se iba arrepentir de haberse quedado, de los visitas a Teress, nunca.

Ya estaba terminando su segundo y último cigarrillo cuando llegó a la estación donde se concentraba mucha de la población despierta de Brubak. Ya estaba amaneciendo y por tanto, trabajadores pululaban el lugar, llenando los vehículos en segundos. Su bus no era una excepción, con el detalle añadido que la mayoría de sus ocupantes labraban en el Muro. Era por eso por lo cual no había dejado que Simón le acompañara, dado que Kai le había contado que se iba a quedar con su “amigo” Ned en el norte del país.

Kai llegó a tiempo para coger el bus y por suerte, había justo un sitio libre. Empezó a escribir mensajes en su móvil para el chat cuando recordó las instrucciones que había recibido el día anterior y notificó a su aliado de que ya estaba en el bus. No tardó en recibir una respuesta, una escueta “Ok, te informare si ocurre algo.”

Todo parecía ir bien, pero elle no podía tranquilizarse, no hasta que estuviera allí. Kai decidió distraerse con el internet y por supuesto, la primera noticia que leyó era el ataque a una pareja con conexiones a Teress, por tres jóvenes radicalizados. No habían tenido la suerte de Ned y Kai, puesto que la pareja fue acuchillada y pateada hasta la muerte. Como había pasado con elle, a pesar de las conexiones que los agresores tenían con grupos de odio, como el hecho de que dos de ellos formaban parte de Humanidad Primero o de que una de las victimas era una persona de color, las autoridades no consideraban el ataque como un crimen de odio, solo una robo que había salido mal.

Kai miró el corte en su mano, una burla silenciosa ante esa declaración. No, solo había odio en esos ataques y si elle no hubiera actuado, su incidente hubiera terminado de la misma manera que esa pareja. Con más necesidad para distraerse que nunca, decidió hacer un poco de trabajo extra, activando una aplicación en su móvil que tenía una copia de la Señal del VET: una aglomeración de símbolos y códigos sin sentido alguno, un extraño mensaje que podía contener la respuesta a las acciones del VET. Tras trece años de intentos por traducirlos, lo único que se había descubierto era que, posiblemente, consistía en tres palabras. El rol de Kai era supervisar uno de los algoritmos que estudiaban la Señal, pues se creía que la traducción se escondía en alguna parte del código. Así, esa aplicación combinaba los símbolos en multitud de formas para tratar de descifrar su significado. El problema era que eventualmente el algoritmo dejaría de estudiar el mensaje y se convertiría en la Señal misma. No era un virus, pues parecía haber alguna medida que impedía que el mensaje infectara y se esparciera por todo el Internet. Aparte de algunas excepciones como la ahora fallida inteligencia artificial generativa, solo los programas que estudiaban la Señal sucumbían a su presencia. Así, Kai tenía que supervisar la infección y antes de que el algoritmo cayera, reiniciar el app, estudiar los cambios y hacer modificaciones para volverlo más resistente. Tan absorte estaba en su tarea de que no se dio cuenta de que las personas a su alrededor estaban bajando del bus. Así, la súbita llegada de alguien le sorprendió y no pudo evitar echar una mirada curiosa que se convirtió en terror al verle:

No parecía más que un joven cualquiera, quizás un estudiante de camino a la universidad, de no ser por el tatuaje en su cuello: 2221. Era una abreviatura del eslogan “2 Brazos, 2 Piernas, 2 Ojos, 1 Cabeza”, utilizado por grupos de odio para alzar su “humanidad”. Pero elle sabía que cuando aceptaban odiar a un grupo, les era fácil justificar el odio a otros que son diferentes: “Teress fue provocado por la decadencia occidental”, “Es una señal del fin del Mundo y ellos son sus siervos” ,“Gente como tú eran un preludio…”. Escuchó frases similares del hombre que había atacado a elle y a Ned aquel día, un hombre con los mismos números en su cuello.

Su mente volvió a ese día, se encontró de vuelta en el parque, con Ned abrazándole, ambos disfrutando de las estrellas, hablando del futuro, de visitar a Teress juntos. Fue Ned quién notó primero como el hombre les había empezado a seguir, un acecho que no tardo en volverse verbal, insultos y mofas que se volvieron más viles cada segundo. Trataron de ignorarle, pero esto solo agravó al hombre, que de repente sacó cuchillo y se abalanzó sobre la pareja. Kai se interpuso y elle sintió como su mano se cortaba en dos. Al caer, su otra mano encontró por casualidad una roca, justo al mismo tiempo en que Ned se lanzó hacía el asaltante, distrayéndole lo suficiente como para que Kai le golpeara con la piedra. A pesar de la sangre en su frente y de perder su arma, el hombre parecía dispuesto a atacar de nuevo, hasta que Ned cogió el cuchillo caído, lo que hizo que saliera corriendo. Fue un milagro que Kai no sufriera daño permanente en la mano, que testigos (que no hicieron nada) declararan que habían actuado en defensa propia y que el hombre fuera detenido poco después. No fue suficiente para Ned, que no podía vivir en un sitio cada vez más repleto con ese tipo de gente. Kai tampoco podía hacerlo, pero aún tenía que quedarse. Incluso sí en el presente, estaba sufriendo las consecuencias de su decisión.

Kai apagó la aplicación, que por suerte el joven no parecía haber notado. No era difícil identificar la Señal y aunque no todos los extremistas veían mal “entender al enemigo”, había muchos que no dudarían en utilizarlo como una excusa para violencia, sobre todo los más religiosos. Apenas capaz de respirar, Kai se examinó a si misme: no tenía vello facial, había elegido ropas negras que escondían su figura y su coleta no predominaba demasiado, así que estaba segure en ese aspecto. Aún pensó en cambiarse de sitio, pero no había asientos libres y no podía arriesgarse a llamar la atención. Una cosa que no comprendían, es que hacía alguien así en un bus bastante cerca del Muro. Dudaba que incluso ese sitio dejara a alguien con ese eslogan entrar en Teress. Su respuesta vino en el mensaje de su aliado:

“Estoy escuchando sobre una protesta en la entrada principal, sospechosos habituales. Están sacando fotos de todos los que llegan. Un poco agresivos y muy ruidosos, pero no violentos por el momento. Bájate en una parada anterior y ve por la salida derecha, baja cuatro calles y continua al Muro hasta ver el cordón de seguridad. Es una entrada segundaría para empleados. Estaré de guardia, la contraseña es enb-val”

Kai se fijó en el resto de pasajeros, buscando detalles que podría haber pasado por alto. Tenía que haber más gente en el bus que iba a la protesta, ¿cuantos habría en ese bus? Quedaba una parada para llegar a su destino, pero no se iba a quedar ahí rodeade de tanto peligro. Cuando el vehículo abrió sus puertas, Kai casi saltó de su asiento y escapó a las calles. Solo cuando estuvo segure de que no le estaban siguiendo, es cuando se dio cuenta de que no había respirado desde que había leído el mensaje. Pero lo había conseguido, estaba a salvo y aunque ahora llegaría un poco tarde, valió la pena, era mejor ser precavide.

Pensó en la suerte de haber conocido a su aliado, Stonewall. Había contactado con él en la página “Derechos por Teress”, una ONG que se dedicaba a velar por todos los afectados por el evento, así que cuando los incidentes en el Muro de Capgras comenzaron, facilitaron maneras seguras de entrar legalmente en la comunidad. Stonewall no parecía un fuerte creyente en la causa, interesado más en el dinero, pero había demostrado ser de confianza, pues Kai ya había usado sus servicios en otras ocasiones.

El Muro no tardó en ser visible a medida que se aproximaba a ella: con doce metros de altura y con entre seis metros de grosor, era una versión modernizada de la muralla de un castillo, con hasta centinelas armados en torres. Era una de las construcciones más largas de Europa, pues rodeaba toda la comunidad de Teress, pero la única entrada y salida existía en Brubak.

El entorno también cambió a medida que elle se acercaba, con ruinas de edificios siendo sustituidos por descampados donde una vez soldados, tanques y otros vehículos se habían reunido. Kai recordó la primera vez que había visto el Muro, cuando solo era una valla improvisada, una patética defensa ante el Humo Azul que se alzaba en el horizonte. Tenía solo dieciséis años, tan desesperade que se había gastado lo poco que tenía para llegar allí, solo para ser recibide por los rifles de los soldados. Trató de quedarse en Brubak, pero fue expulsade y forzado a vivir en las calles y albergues de otras ciudades. No era un periodo que le gustaba recordar, sole, con incógnitas sobre Teress, sobre si misme y sufriendo cada noche. Era un milagro de que, de todos los hábitos que desarrolló para sobrevivir, solo había mantenido un poco de paranoia y cigarrillos. Esa etapa de su vida terminó un par de años después, tras salir de la clínica y convertirse en repartidore, lo que le permitió un sitio de dormir. Pudo aprender informática gracias a numerosos tutoriales y así, ingresar en un curso formativo que enseñaban la Señal. Con esos estudios, consiguió un empleo fijo. Fue mientras celebraba la ocasión en un club, cuando conoció a Ned, quién le ayudó a descubrirse a si misme. Alrededor de esa época, regresaría a Brubak junto con Ned, tras escuchar que Teress comenzaba a abrirse al mundo.

Kai tardó una media hora en llegar a la entrada secundaría: era uno de los edificios conectados al Muro, con una puerta custodiada por un solo guardia. Kai le reconoció de inmediato.

—Lo siento, pero esta entrada es solo para empleados —avisó el guarda.

—Sabes quien soy, Stonewall.

—¿Contraseña?

—Enb-val.

—Llegas tarde, estoy a punto de acabar mi turno —Bostezó despreocupado—. Te voy a cobrar más la próxima vez.

—Mientras estés disponible y me ayudes a entrar, no me importa pagar más.

Stonewall le dejó un pase de visitante y desbloqueó la puerta.

—Ya sabes como es, sigue las indicaciones hasta llegar a la entrada principal. Una vez allí, pase lo que pase, no salgas afuera.

—¿Tan mal esta la situación?

—No por el momento, pero me temo que este se convertirá eventualmente en otro incidente que vas a ver en las noticias, así que ten cuidado.

—No estaría aquí si no fuera precavide. Gracias, Stonewall.

En el interior, Kai se encontró en un antiguo cuartel militar, que había perdido su propósito con el paso de los años y se había convertido en unas oficinas ocupadas con la burocracia del Muro. Elle era familiar con esa zona, pues era donde le enviaban para realizar las solicitudes, así que paso desapercibido entre los solicitantes y empleados que se movían por los pasillos amarillos. Y tras deslizarse por un estrecho corredor que conectaba los diferentes edificios del Muro, Kai llegó a su objetivo: La entrada principal era un enorme complejo, casi un barrio en si mismo, dividido en tres secciones: enormes almacenes donde cada cierto tiempo transportistas preparaban y llevaban camiones de suministros y otros materiales a Teress, oficinas y laboratorios que estudiaban la comunidad y una terminal donde se podía entrar a Teress. Y eso es lo que se disponía a hacer Kai, que introdujo su permiso de visita en la maquina de bienvenida para notificar su llegada.

Tras sentarse, notó que en uno de los mostradores, la trabajadora le estaba observando con una extraña expresión. La mujer miró a la pantalla de su ordenador, se levantó y desapareció en una oficina cercana. Un minuto más tarde regresó a su puesto como si no hubiera pasado nada. Kai maldijo su suerte, justo ahora que estaba tan cerca, por supuesto algo iba mal. Si le impedían el paso, ¿podría atravesar el control de seguridad? No, pero la idea le tentaba. Empezó a examinar los mostradores, los empleados, los guardas, los otros viajeros… incluso se volvió hacia el exterior, hacia Brubak, desde donde, a pesar de la inmensidad del edificio, se podía escuchar el estruendo de la gente que protestaba su propósito en el Muro. ¿Acaso ellos tenían algo que ver?

El sonido de su número apareciendo en una de las pantallas le sacó de su paranoia y se dirigió al mostrador, donde las palabras de la trabajadora no le sorprendieron:

—¿Kai Sverik? Antes de que podamos procesar su solicitud, tiene que hablar con seguridad. No se preocupe, solo sera un momento.

La mujer le envió a la puerta de la que ella había salido antes: era una oficina con varias mesas, pero solo una de esas estaba ocupada. Era un hombre de aspecto fornido y riguroso y a pesar del traje y la camisa, no muy diferentes a las de un oficinista, Kai intuyó que era o había sido un militar. No era de extrañar que hasta hubiera participado en algunas de las contiendas en Teress.

—Siéntese y deje las maletas a mi lado, por favor. Mi nombre es Leyn.

Kai obedeció mientras Leyn leía unos papeles.

—Estoy mirando vuestra solicitud… permiso para una visita de siete días, motivo: ocio, estancia en el pueblo de Carnad, en la calle de La Feria, número 12, zona de bajo riesgo —Leyn le miró por un momento—. Tiene conexiones con las entidades despersonalizadas 47321.B, 47348.E y 47321,5.A, ¿no es así?

Kai contuvo el impulso de abalanzarse sobre el hombre y cerrar esa boca. Odiaba esas palabras, pero sabía que no podía hacer nada para que desaparecieran.

—Si, tengo… esas conexiones, como usted dice.

—Hm, solo quería asegurarme. Ahora, hay un problema con la lista de objetos que presentó —Leyn abrió la maleta grande y sacó las jeringuillas y las pastillas.

—¿Cual es el problema? —se quejó Kai—. Es parte de mi receta medica, las he presentado otras veces y no ha habido problema alguno.

—El problema, señor Sverik —interrumpió Leyn—, es que hablamos con su medico y nos informó que la receta fue cancelada por su psicóloga. Le dijo y cito textualmente: “usted ya no necesita el tratamiento hormonal”.

Kai trató de contener un suspiro sin éxito.

—Solo son lo que me queda de la última vez que los pedí.

—Ya, seguro que lo son —Leyn tomó los medicamentos y los tiró a un cubo de basura—. El resto parece estar todo en orden.

—¿Era esto necesario? Me lo podrían haber confiscado en el control…

El hombre se levantó y se alzó lentamente sobre Kai, casi agarrando su chaqueta:

—Esto es necesario por el bien de nuestro país, señor Sverik. Tenemos una protesta afuera por cosas como esta. Sabemos sobre el ataque que sufrió hace un par de meses, sobre las páginas que frecuenta. Con su historia y tratamiento, se esta dirigiendo a una radicalización peligrosa.

Leyn comenzó a caminar por la oficina.

—Los medios están todo el rato con los anti-Teress, con Cielos Despejados, Humanidad Primero Y Agua Sagrada, pero se olvidan de la mentalidad opuesta. Hay grupos peligrosos, demasiado obsesionados con proteger los “derechos” de la comunidad de Teress, sin darse cuenta del daño que podrían causar las entidades despersonalizadas. Se esta acercando demasiado a ese lado, señor Sverik. Tenga cuidado o no pisará Teress de nuevo.

Kai pudo contener un suspiro y el deseo de argumentar contra ese ridículo monólogo.

—Lo haré…

—Bien, eso es todo, vaya directamente al control de seguridad.

Kai siguió las ordenes en silencio, movide por una mezcla de ira y desesperación. Al llegar al control, sufrió una dura rutina: palparon todo su cuerpo, comprobaron los objetos de su maleta uno por uno y pasó por varios detectores hasta llegar al último obstáculo, una mesa con un guarda delante de unas taquillas.

—Debido al protocolo de seguridad, en su regreso, todas sus pertenencias serán destruidas. ¿Tiene la ropa y objetos que recogerá a la vuelta?

Kai dejó la maleta pequeña en la mesa y el guarda le dio una llave con un código.

—Recuerde su número para acceder a sus pertenencias —El guarda le pasó una caja de pastillas—. Tome una pastillas si se siente demasiado desorientado o mareado, notifique a las autoridades de cualquier resquicio de Humo Azul, no tenga contacto físico con las entidades…

Era un discurso que había escuchado demasiadas veces, una mezcla de obvias falsedades y precauciones de las que se cansó en el primer viaje. Cuando terminó, se dirigió hacia dos grandes portones de metal, que se abrieron y le dejaron entrar a Teress.

Teress no era desconocido para el resto del mundo, pues existía una gran cantidad de testimonios, videos tanto amateurs como profesionales, fotos e imágenes de satélite que documentaban el aspecto de la comunidad. Eso no había impedido numerosas conspiraciones, fantasías y nefastas teorías sobre el lugar: desde que tenía arboles de carne, fusionados con animales, volcanes que soltaban ácido hasta falsedades un poco más creíbles, como que el aire de la zona tenía un tono azulado, resquicios del Humo Azul. La realidad era mucho más simple: las afueras de Teress lucían casi igual que las afueras de Brubak o cualquier otra comunidad en el sureste del país: salvaje hierba amarilla, pastos interrumpidos por granjas, huertos y viñedos abandonados y pequeños bosques. Esta mundana naturaleza se demostraba también en la estación que Kai se encontraba. Era una no muy diferente a la que había en Brubak, aunque mucho más pequeña y sin apenas visitantes o personal. Elle pudo divisar un guardia local teressiano a lo lejos, un cambió desde la última vez que había entrado en la comunidad.

No obstante, para Kai estaba en un mundo diferente, uno donde podía ser elle misme. Se quitó su coleta para hacer lucir su largo cabello, abrió su chaqueta para enseñar su top, donde colocó uno de los pins con la bandera LGBTIQA+. La siguiente tarea fue mandar más mensajes al chat, aunque contrario a los que había mandado en el bus antes de escribir a Stonewall, estos no fueron escuetos:

Kai:¡Por fin pasé el control de seguridad y ya estoy en Teress! :) :) Ahora aquí esperando el bus :/ Estaré allí en media hora como muy tarde.

P:¡Bienvenide!!!! ❤️❤️❤️❤️ ¡Te hemos echado de menos!

M:🥰🥰¿Todo bien en el Muro?

K:Si, tuve que lidiar con un poco de burocracia, pero todo bien al final. :)

H:Oye, si algo va mal, dínoslo y montaremos un infierno. Pero eso no importa, me alegro muchísimo de que estés aquí maldita sea!!!!

Kai no se sentía bien ocultándoles detalles, pero era mejor así. Contarles lo que le había pasado en el Muro, el ataque… solo les preocuparía y complicaría su situación. Por ello, se puso unos guantes para ocultar la herida en su mano. No sería suficiente, pero por el momento no quería lidiar con este problema.

Un autobús llegó a la estación y una voz mecánica se escuchó por un interfono:

—Linea C, destino Alar, paradas en Carnad, Shayas y Phulx.

Kai se subió en el bus junto a otra persona, un hombre mayor en uniforme, que de inmediato abrió un portátil y comenzó a trabajar. Kai prefirió observar las vistas a través de la ventana mientras el vehículo se ponía en marcha. Era verdad que el paisaje de Teress no era nada nuevo, pero aún le gustaba perderse en él y recordar su infancia en esos campos. Y aún había ciertas diferencias con el exterior: el Humo Azul no había afectado a la fauna o la flora, pero la falta de mantenimiento era visible en el ambiente, con mucha vegetación descontrolada, aunque ya se estaba arreglando poco a poco. También había señales de la contienda, las batallas que sucedieron meses después del fin del Humo Azul: cráteres, grandes y pequeños, fisuras en el suelo, restos de tanques, vehículos y sobre todo, de drones, basura militar por doquier. Al menos habían quitado los campos de concentración, aunque Kai sabía que en Alar se había dejado uno de los más grandes para servir como museo, un recordatorio de lo ocurrido. Para elle, era algo inútil si lo peor del mundo exterior aun creía que los teressianos se merecían estar allí.

Pasó un buen rato absorte en las vistas cuando el familiar sonido de un mechero hizo que Kai se volviera al hombre trajeado, que se había detenido para encender un cigarrillo. Kai notó la ausencia desde su último cigarrillo y no se contuvo:

—Perdón, pero ¿me puedes dejar un cigarrillo?

El hombre le miró, confuso por un momento antes de darse cuenta de lo que quería.

—Quince por uno.

—¿Quince? ¡Eso es una locura! ¿Sabes cuantos paquetes me podría comprar con quince?

—Quince es una ganga comparado con lo que tuve que pagar para pasar esto por el control. Así que… quince.

Kai se rindió e intercambio un par de billetes por un cigarrillo. Pero ahora que lo tenía en sus manos, perdió un poco las ganas. No quería llegar a Carnad apestando, así que decidió dejarlo para después.

—Te recuerdo del Muro, de la entrada —comentó el hombre—. ¿Te llevaron a seguridad, no?

—Si, tuve un problema con mi receta medica y aprovecharon para intimidarme un poco.

—Lo típico de esos brutos, pero no te preocupes, eso lo único que tienen. El gobierno no se va a atrever a causar este tipo de problemas a Teress, no como están las cosas. Reglas sin sentido, controles innecesarios, una muralla que sirve más para intimidar que cualquier otra cosa… esa son sus armas. Mi nombre es Green, por cierto.

Elle sabía que cualquiera que era permitido en Teress era mucho más de confiar que otros, pero ese pequeño discurso le tranquilize por completo.

—Kai, encantade, ¿estas visitande?

—Estoy trabajando, enseñó en la Universidad de Alar, electricidad y electrónica.

—Había oído que habían construido una hace poco. No sabía que tenían a profesorado del exterior.

—No por el momento, estoy en un programa especial de dos semanas. Los controles son un infierno, te lo digo ya.

—¿Tienes que destruir todas tus cosas cada vez que vuelves?

—No, se quedan en el Muro y la “desinfectan”. Si todo va bien, puede que trabaje a tiempo completo el siguiente trimestre. Debo admitir que aunque fue un poco difícil acostumbrarse al principio, los teressianos son igual que nosotros.

—Lo somos —aseguró Kai, un poco tense —. Si solo el resto del mundo lo comprendiera…

—Ah, entonces tu eres… mis perdones, pero no te dejes llevar por ese tipo de sentimientos, la gente lo puede comprender, solo es que hay mucha desinformación y manipulación sobre Teress. Pero a medida que los teressianos se dejen ver más, veras como serán aceptados. No es como si el gobierno pueda hacer algo para detenerlos. No sin consecuencias que nadie va a querer.

Un zumbido llamó la atención del dúo, una notificación que el bus había llegado a Carnad. Kai se levantó:

—Esta es mi parada, Green. Gracias por el cigarrillo… y espero que tengas razón.

—Gracias por el billete, Kai. Y lo tengo. Pásalo bien.

Antes del Humo Azul, Carnad fue un pequeño pueblo sin importancia, un lugar eclipsado por las granjas y huertos del sur, los viñedos del norte y la antigua capital de Hali, donde, por aquel entonces, residía la mayor parte de la población. La situación no había cambiado mucho en el presente, pues Carnad todavía era bastante desconocido comparado con la nueva capital Alar. Para Kai, sin embargo, Carnad era Teress, donde había nacido, donde había crecido antes del Humo Azul. Fue por pura coincidencia que en el día del impacto elle estaba en una excursión con el instituto en el exterior, lo que le separó de su familia por años.

Y justo cuando salió del bus, ese error se corrigió cuando de una penumbra, extremidades, similares a costillas carbonizadas, rodearon y apretaron su cuerpo.

—¡Hola mama! ¡Ah, cuidado que rompes mi maleta! —Kai devolvió el abrazo.

Los filos retrocedieron al interior de la penumbra, que formaba la silueta nublosa de una mujer de pelo corto. El efecto era pronunciado por el abrigo de color verde y la boina blanca que llevaba puesta gracias a unos minúsculos ganchos de hueso desplegados alrededor de la superficie de la penumbra.

El aspecto de su madre era el resultado de lo que ocurrió trece años antes: cuando el VET cayó en el medio de Hali, primero liberó un EMP que afectó a toda Teress, cortándola del exterior. Tres minutos más tarde, el VET soltó el Humo Azul y envió la Señal a las redes para luego desaparecer. El Humo permaneció en Teress por dos semanas y todo aquel que tocara el gas, caía inconsciente por un par de horas, sin otros efectos negativos. Cuando el Humo Azul se desvaneció, alrededor de entre tres y cuatro millones de personas habían cambiado por completo, con formas terroríficas y demenciales que desafiaban la misma realidad. Sin embargo, aún tenían las mismas necesidades físicas que antes y sus mentes eran exactamente las mismas que cuando tenían cuerpos humanos. La única irregularidad mental era que aceptaban sus nuevos cuerpos con una facilidad irreal, no viendo ninguna apenas diferencia con humanos no transformados. No obstante, si la persona tenía algún tipo de disforia u otros sentimientos negativos sobre su cuerpo, estos sentimientos se adaptarían y trasladarían a su nueva forma. Hubo muchas incógnitas sobre estas transformaciones y el propósito del Humo Azul, pero una de las más exploradas era porque el Humo Azul dejó inconsciente a aquellos fuera de Teress, pero alteró a los teressianos de forma drástica. Una de las teorías más aceptadas era que el EMP del VET puso en un estado de muerte clínica a la población, lo que los hizo vulnerables a los efectos del Humo Azul.

Cuando el Humo se desvaneció y las autoridades descubrieron lo que había pasado, trataron de esconder su existencia del mundo, con una declaración oficial que “no había habido supervivientes en Teress” y cuando, a lo largo de un par de semanas, rumores y filtraciones revelaron su existencia, declararon que “los teressianos pueden ser vectores de una infección desconocida, por lo que deben permanecer en cuarentena”, un motivo razonable que perdió su lógica a medida de que no se encontraban prueba alguna de esta infección. De hecho, no se tardo en descubrir que el DNA de los teressianos con material biológico era, a pesar de toda evidencia a lo contrario, 100% humano y compatible con no transformados, hasta el punto de que transferencias de sangre eran posibles y seguras.

Al principio, los teressianos confiaron en el gobierno, que los trasladó a campos para ser estudiados y determinar que no eran una amenaza. Pero esos estudios no tardaron en convertirse en horribles torturas, sus captores deseosos de conseguir los secretos de esos nuevos cuerpos a cualquier precio. Y descubrieron uno: en extremas circunstancias, los teressianos eran capaces de desarrollar nuevas habilidades, lo que permitió a muchos escapar de los campos de concentración y gracias a que algunos robaron las grabaciones de sus “investigaciones”, revelar los crímenes al mundo. El ejercito llegó para tratar de controlar la situación, pero pronto degeneró en un desesperado intento de acabar con los teressianos, de lo que se defendieron. El poder de Teress era tal, que pesar de que la mayoría no luchó, el ejercito fue derrotado con gran facilidad en solo unos meses. Un nuevo gobierno aceptó entonces una aceptar la oferta de paz, reunificando Teress con el resto del país. Y con el paso de los años, ayudados por campañas de concienciación, documentales, entrevistas, los teressianos fueron recuperando más derechos. Pero lo que más influyó fueron sus habilidades, puesto que aunque su existencia hacía fácil clasificarles como peligrosos, estas fueron la única razón por la que los teressianos sobrevivieron y eran escuchados. Y así, Kai podía visitar a su familia cada varios meses.

—¡Kai, hije mie, como me alegró de verte! —dijo Erin, en su fuerte acento sureño—. Hmmm…

—¿Qué?

—Lo siento, no quiero ponerme pesada nada más llegar, pero tienes un poco de mal aspecto: ojeras, estas delgade, ¿estas comiendo bien? ¡Y estas palide, tienes que coger más el sol!

Kai suspiró, divertide.

—Si, si, solo… he estado un poco ocupade estos días, pero no te preocupes, estoy bien, ¿cómo están todos aquí?

—Estamos bien, yo sigo con mis cuadros, tu padre sigue ayudando en la construcción, pero ya debería haber terminado. Ashley no tiene clases hoy, así que esta también en casa.

Madre e hije comenzaron a caminar por el pueblo, que Kai notó que a pesar de ser casi mediodía, estaba desolado. Mucha de la población no había regresado a sus hogares, dañados por el proceso de sus transformaciones y la guerra. Se habían establecido en campos de refugiados, el más grande convirtiéndose en la ciudad de Alar, donde muchos aún vivían. Para paliar la sobrepoblación de la capital, el gobierno de Teress puso en marcha un proceso de reconstrucción de la comunidad, donde antiguos pueblos y ciudades serían reparados a lo largo de los años. No fue perfecto, pues se reutilizaron y reciclaron materiales debido a la escasez de estos, en muchos casos utilizando los restos de los edificios más dañados para reconstruir otros. A pesar de eso, la familia de Kai fue de las primeras que salieron de Alar, por lo que elle había sido testige en otras visitas como el pueblo se había estado recuperando, por lo que no entendió este vacío.

—Esta semana es el festival de las Delicias ¿recuerdas? La mayoría esta celebrándolo en Alar —Erin intuyó la pregunta de su hije—. Pero aún esta volviendo más gente al pueblo, ahora hasta tenemos algunos nuevos vecinos, ¡los conocerás después! Oh, deja que lleve eso.

De la penumbra, salieron una decena de costillas que agarraron con delicadeza la maleta de los hombros de Kai. Elle tuvo que esforzarse por no enseñar el dolor que el pequeño tirón le había causado sin querer y se alegró de que su madre no parecía haberse dado cuenta de su escondido malestar. A pesar de la carencia de facciones, Kai había aprendido a lo largo de sus visitas a leer a su familia. No había sido difícil, pues a pesar de sus cambios, a pesar de los años separados y el sufrimiento, seguían siendo los mismos que antes.

Aún así, Kai no pudo evitar preguntarse si quizás su madre sospechaba algo. Su aspecto estaba un poco más descuidado comparado con otras visitas y se había olvidado del festival. Si, seguro que ella sabía que le pasaba algo. Y tarde o temprano, tendría que revelarlo todo, pero por ahora, era mejor distraerla con un problema menor:

—Mama, sobre el Muro, hubo un contratiempo y me confiscaron las hormonas. ¿Se podría conseguir en el mercado negro?

La silueta se volvió a su hije y por un momento, hasta la penumbra se detuvo.

—Si, deberían tenerla. Podemos pasar mañana a buscar algo. Te ayudaremos en todo lo que necesitas, Kai, no olvides eso.

Kai asintió y continuaron hasta su hogar. Al llegar, no tardaron en divisar al padre de Kai, Jamelle, quién estaba en el tejado. No el suyo, sino el de otra casa al otro lado de la calle, que estaba arreglando. Jamelle llevaba una chaqueta gris modificada para dejar pasar las piernas de araña en su espalda que utilizaba para moverse, puesto que no tenía piernas o parte inferior en absoluto. Parte de su pecho y cara eran huecas, pero sin mostrar órganos o carne alguna, solo más piel. No tenía nariz, pero gracias a pequeñas cuerdas, Jamelle llevaba gafas puestas sobre sus ojos.

Al ver a su hije en la distancia, el “rostro” de Jamelle hizo su versión de una sonrisa y con gran agilidad, reptó del tejo hasta Kai, recibiéndole con un gran abrazo con sus patas y brazos:

—¡Kai! ¿Qué tal estas? ¡Me gusta el top! — Jamelle se dirigió hacia su esposa—. Cariño, mira…

—¡Jamelle! ¿Has estado trabajando extra? —De la penumbra, salieron pequeñas extremidades en protesta—. ¡Me dijiste que habías terminado por hoy!

—¡No fue planeado! El techo de la casa de los Vierros se derrumbó un poco y van a regresar de Alar en un par de días. No puedo dejar que se queden en una casa en tal estado...

Erin extendió sus extremidades y silueta para “cerrar sus brazos” y pareció considerar sus palabras.

—Bueno, no es mucho… Ok, te ayudare y así comeremos antes —Se volvió a Kai y le dejó la maleta—. Ve yendo, Ashley debería estar en su habitación.

Al igual que otras casas, su hogar tuvo que ser remodelado, pero tuvieron la suerte de que no sufrió tanto durante el Humo Azul o la guerra. Los únicos cambios, aparte de nuevas capas de pintura y mucha limpieza, fueron sillas que Jamelle y Erin no dañaran con sus extremidades. La habitación de Kai era lo que más se había alterado, pues dejaba montón de cosas en sus visitas hasta el punto de que se estaban acumulando.

Tras dejar más, se aproximó a la habitación de su hermana: como siempre, había decenas de cepillos por doquier, grandes y pequeños, viejos pósteres de novelas de romance en el techo y una estantería con decenas de libros. También había cambiado la mesa por una más amplia, seguramente para sus estudios y vio con agrado que por fin tenía un ordenador. La cama estaba ocupada por un enjambre de insectos, cada una del tamaño de una rata. No eran ninguna especie conocida, con pequeñas aletas dorsales,ojos como los de una araña saltarina, un caparazón de color piel que era una mezcla de escarabajo y escalas de serpientes y mandíbulas de libélula. Estaban quietos, respirando de vez en cuando y soltando un sonido similar a un ronquido humano.

Kai se apoyó en el marco de la puerta y con una sonrisa, dio un ligero toque a la puerta:

—¿Esta es la forma de recibirme?— dijo elle.

Los insectos se volvieron y con algo similar a un quejido, se metieron bajo las sábanas hasta formar una silueta. Poco después, Ashley se mostró, ojos fijos en su hermane. Los insectos se habían fusionado, cambiado su forma, color y textura para replicar su cuerpo humano. Era una imitación casi perfecta, aunque sus movimientos eran un poco menos fluidos y no podía pestañear. El cuerpo era capaz de cambiar, pues había crecido a la adultez con el tiempo, pero había detalles que se habían congelado desde la transformación inicial: sangre seca cubría el inferior de su boca y sus ojos, además de algunas heridas por su cuerpo, estas tapadas por su ropa, una camiseta y pantalones vaqueros que pegaban con su pelo teñido azul.

—¡Argh, es tu culpa! ¡Tardaste tanto que me quede dormida! —contestó su hermana, que aún así sonreía.

Se abrazaron casi entre risas.

—¿Cómo te va? ¿Ya empezaste derecho? —preguntó Kai.

—Si, hace un par de meses —contestó ella—. La universidad esta bien, esta bien adaptada a nuestros cuerpos, pero aún nos falta bastante material en las clases.

—Puedo ayudar trayendo cosas si quieres.

—Ese no es el problema, sabes que nos podemos procurar de casi cualquier cosa aquí. El problema es hacerlo en gran cantidad y luego mantener y reparar lo que ya tenemos. ¿Qué tal tú, hermanite mayor? ¿Como vas con Ned? Una pena que no haya podido venir…

Kai se paralizó y apenas pudo recuperar su compostura:

—Ah… ha habido ciertas complicaciones, pero no te preocupes, lo explicaré en la comida.

Escucharon llegar a sus padres al piso de abajo. Su hermana se tragó su preocupación y sonrió.

—Ya nos contaras entonces, ¿vamos a comer? —Ashley bajó las escaleras.

Por el momento, Kai se pudo refugiar en la familiaridad de la comida, ayudando a poner la mesa mientras su padre discutía con su hermana sobre el último debate entre los presidentes de la comunidad de Teress Conglor de Esis y Judith Afti, la líder de la oposición. También hubo una sorpresa cuando la comida llegó a la mesa:

—¿Es eso ternera? —Kai no podía creer lo que veía—. ¿Ya tenemos carne de verdad? Parece muy buena para ser del mercado negro, ¿es importada?

—Mejor, esto viene de nuestras nuevas granjas —explicó su padre—. Costó un poco que los animales dejaran de huir de los granjeros, pero valió la pena. Algo que solo hemos logrado gracias al liderazgo de Conglor.

Al escuchar eso, Ashley puso sus ojos en blanco. Conglor eran unos de los teressianos más populares, una figura crucial, pero también controvertida. Un caso único, pues no eran un solo individuo, sino cuarenta y dos personas que vivían en los apartamentos Esis en Hali, quienes fallecieron en el impacto directo del VET. Sin cuerpos, sus esencias se fusionaron en un solo ser, un verdadero colectivo, puesto que al parecer todas las mentes deben de estar de acuerdo para tomar cualquier decisión, lo que eventualmente, les proporcionó una gran habilidad para dialogar y negociar con otros. Cuando la verdad de Teress se reveló al mundo, fue Conglor quien contactó con la prensa y con la ayuda de otros teressianos, proporcionó pruebas sobre los campos de concentración y la tortura, demostrando que no eran monstruos o vectores de alguna terrible enfermedad. Se convirtieron en los lideres de Teress, formando un frente unido, que a pesar de sus apariencias, logró obtener el apoyo de muchos en el exterior. Esto, junto a la brutal derrota sufrida por el gobierno en la guerra, permitió que Conglor negociara un acuerdo de paz. Eran tan populares que de inmediato ganaron las elecciones para presidente de comunidad, una reelección y ahora seguían para su tercer y última legislatura. Sin embargo, los sentimientos sobre ellos estaban cambiando, pues a pesar de que Teress había recuperado muchos de sus derechos, aún no podían salir oficialmente de la comunidad y con la creciente radicalización en el exterior, muchos vean la política de Conglor cómo una demasiado lenta y pasiva para protegerles. Ashley les criticaba bastante, mientras que su padre, de acuerdo con su naturaleza pacifica, aún tenía fe en los presidentes. Para Kai, en cambio, poco importaba quien eran el presidente de la comunidad, mientras el resto del país sucumbiera cada vez más al odio a lo diferente.

No obstante, a medida que avanzaba el almuerzo, no hubo mucha discusión política después de eso, con Jamelle contando como, tras terminar la reconstrucción, volvería a abrir su clínica, mientras que Erin buscaba vender sus cuadros al exterior. Kai tuvo que admitir que, al principio, lo que más le costó acostumbrarse de los nuevos cuerpos de su familia era como comían: las costillas de su madre troceando la comida, los insectos de Ashley no podían mantener la replica para comer, así que los que formaban su boca volvían a su forma original para tomar las porciones y devorarlas. Pero ahora no era más que un curioso detalle, aunque aún no podía comprender a su padre, puesto que su comida simplemente desaparecía nada más llegar a lo que una vez fue su boca.

Al terminar la comida, la conversación cambió hacia el trabajo de Kai y elle supo que no podía esconder su situación:

—Ahora mismo estoy viviendo en un nuevo piso, con un compañero Simón —explicó Kai.

Elle sintió la mirada de su hermana:

—Kai, ¿qué pasó con Ned?

—Ya no estoy con Ned. Tuvimos algunos problemas y con la creciente discriminación, Ned quiso mudarse, irse fuera del país… y yo no.

—Oh, lo siento, Kai —Patas de araña y extremidades de hueso palmearon su hombro.

—¿Cuando pasó?— preguntó Ashley.

—Cortamos hace dos meses.

—¿!Dos meses?! —Su madre casi saltó de su asiento—. ¿Y no nos dijiste nada en todo ese tiempo?

—No quería preocuparos.

—Espera… —Ashley siguió indagando—. Ese Simon, tu compañero de piso… ¿sabe de nosotros?

Kai dejó que el silencio contestara.

—Acaso… ¿acaso él sabe sobre ti? ¿Tu identidad, que eres una persona no binaria?

Kai dejó que el silencio contestara. Su familia intercambiaron miradas, preocupados, justo lo que elle quería evitar.

—No pasa nada, estoy bien, estoy bien —Kai se levantó—. Yo… voy a salir a fumar. No, no me sigáis, por favor.

No entendía porque se enfocaban tanto en elle, ¿que importaba si tenía que ser un poco precavide en Brubak? Ellos estaban en una situación mucho peor. Elle tenía que apoyarles, no al revés. Afuera, el sol había sido ocultado por una masa de nubes grises a punto de soltar agua. Eso no detuvo a Kai, pero si el dolor de su mano, que parecía haberse multiplicado y le impedía encender el cigarrillo.

—¿Necesitas ayuda?

A unos metros de elle, apareció la figura elongada de una mujer: carecía de rostro, su cara un vacío blanco, una falta de color compartida por el resto de su piel. Por el contrario, sus ropas, una flor rosa que adornaba su frente, una chaqueta de cuero roja, pantalones vaqueros y su pelo, una coleta de color oscuro, parecían estar empapadas, mas como si fueran parte de una acuarela,el peinado flotando en el aire. Debían de ser uno de los nuevos vecinos del barrio.

—Si, agradecería un poco de fuego.

Una de las partículas del cabello de la mujer voló hasta el cigarrillo y lo encendió.

—Gracias, mi nombre es Kai, encantade.

—Catherine, encantada. Tu debes ser el… hije de los Sverik, ¿no? Tu familia es muy afortunada de que les visites, no todo el mundo tiene esa bendición.

—Es lo mínimo que podía hacer.

—Es lo mejor que puedes hacer, estar con ellos, a pesar de todo —Catherine inclinó su cabeza—. Aunque debo admitir, que no pareces tener un buen aspecto, ¿estas bien?

Kai suspiró.

—Si… no, no, ha sido un día complicado.

Catherine continuo mirándole.

—¿Puedo acercarme?

Kai asintió con la cabeza mientras soltaba una bocanada de humo. Catherine no se movió, sino que simplemente apareció a su lado como si siempre hubiera estado ahí. Al ver a la mujer de cerca, se dio cuenta de que su rostro vacío no era tal, pues pudo ver su cara, aplanada y congelada bajo una barrera blanca.

—¿Donde estas viviendo? —preguntó Catherine.

—Justo afuera, en Brubak— respondió elle.

—Brubak… aún es un sitio bonito, incluso con la decadencia.

—Oh, ¿tú has estado allí antes del Humo?

—No, acabo de estar allí, hace unos… diez minutos. Tranquile, solo fue una pequeña visita!

Kai casi rio. Era obvio que el Muro no estaba haciendo mucho para parar a los teressianos. Poco se podía hacer en realidad. La guardia local teressiana era la autoridad que debía detener estos actos, pero la comunidad no podría sobrevivir sin ellos, así que no había mucho incentivo para cumplir la ley.

—No obstante, esa ciudad —continuó Catherine—, se esta volviendo peligrosa. Perdona que te de un consejo que quizás no quieras, pero no deberías volver allí.

—Quizás, pero no voy a abandonar a mi familia.

—No tienes porque hacerlo. Hay más opciones de las que piensas, Kai.

Kai consideró esas palabras en silencio.

—Quizás, pero oye, deja que sea yo quien te cuestione, ¿ tu vivías antes aquí?

—No, ni siquiera vivía en Teress antes del Humo. Una turista, ahora no diferente a los demás. Me estoy mudando a la casa de enfrente, necesitaba un cambio de aires tras la guerra.

Debido a su tono, Kai intuyó el verdadero significado de sus palabras.

—Oh, tu fuiste uno de los que luchó durante la contienda.

—Si, una “liberadora”… pero es algo que quiero dejar atrás. Necesaria o no, la violencia no fue agradable.

—Ya, te entiendo.

Se callaron, observando el pueblo. A sus espaldas, se podía escuchar a los Sverik hablando y moviéndose por la casa.

—Oye —Catherine rompió el silencio—, ¿es verdad que en el Muro queman tu ropa al volver? ¿Qué, te tienes que desnudar cada vez?

—Oh, si, es una ridiculez. Tienen unos baños donde te vistes con la ropa que dejaste allí. Esos baños… son terroríficos, créeme.

Continuaron hablando por un largo rato, sobre sus vidas, sobre como Catherine había tenido que adaptar su hogar para lidiar con sus ropa empapadas, Kai compartió situaciones similares de su familia y luego hablaron sobre sus trabajos y lo que esperaban en el futuro. Al final, Catherine se despidió tras darle su numero de teléfono a Kai, que volvió para confrontar la realidad de su hogar. Sus padres estaban fregando juntos y de inmediato notó como le observaban.

—Voy a dormir un poco. No os preocupéis, hablaremos más tarde —se apresuró a decir elle.

Se fue al baño, pero Ashley estaba allí, pintándose la parte superior de sus ojos de azul. No podía ocultar la sangre con el maquillaje, pero podía modificar mucho de su cuerpo, incluso teñirse sin problema alguno.

—Voy a ir al festival con Lara y Jen —dijo ella al verle—. Supongo que no quieres acompañarme.

—No, voy a descansar un rato. Ya… ya hablaremos más tarde.

Ashley se volvió para mirarle, antes de seguir maquillándose.

—Se lo que los de afuera dicen de nosotros, como esos alienígenas nos lavaron el cerebro para que aceptáramos nuestros nuevos cuerpos. Puede ser verdad, pero nunca me gustó la sangre en mis labios, los hace demasiado grandes. Al menos tengo eso, ¿no?

Kai sabía que sus sentimientos eran mucho más complicados. Recordó cuando Ashley le contó el proceso de su transformación, como ondulaba entre el despertar y el sueño, como por dos semanas, no podía hacer más que vomitar y expulsar sangre por cada orificio de su cuerpo, sintiendo como su cuerpo se partía en pedazos y se unía de nuevo a su carne, un poco más distinto. Como escuchaba a su padre derretirse y a su madre ser descuartizada por sombras. Por mucho que aceptaran el resultado final, todos los teressianos aún habían sufrido el trauma de la transformación. De nuevo, pensó lo ridículo que era comparar su situación con la de ellos. Por su expresión, su hermana adivinó lo que estaba pensando, pero Kai no tenía la energía para discutir y se volvió para irse cuando la voz de Ashley le detuvo:

—Deja que te cuente algo, Kai. Cuando nos llevaron a los campos, me separaron de papa y mama. Me llevaron a otro campo y mientras nos hacían pruebas, lo único que quería era verlos. Pero entonces empezaron las torturas: me electrocutaron, pincharon, cortaron en piezas mis partes, todo para observar como me curaba… una vez me sumergieron en agua congelada y estuve allí, congelándome por horas. Sentía que me iba a morir y entonces algo cambió en mi interior: controlé el tamaño de mis partes hasta hacerlas tan pequeñas que pude escapar utilizando los cables de la instalación. Y cuando estuve afuera, seguí corriendo. Quería salir de Teress, Kai, no estaba pensando en ti o en nuestros padres. Solo quería escapar… Fue una coincidencia que me encontraran poco después. Se habían fugado de sus campos, al otro lado de la comunidad y aún así, habían venido a buscarme. Se los conté eventualmente, pero lo que no saben es que ese sentimiento no ha desaparecido, Kai. Una parte de mi aún quiere escapar de Teress, abandonarles y me odió a mi misma por ser tan egoísta.

Fue un poco difícil por la sangre seca, pero su hermana estaba llorando mientras hablaba.

—Te cuento esto porque confió en ti, Kai. Y quiero que entiendas que tú puedes confiar en mi. En todos nosotros, no tienes porque esconderte.

Kai examinó su mano enguantada.

—Sera mejor que llames a papa y a mama. Tengo que contaros algo.

Se reunieron en el salón.

—Primero, lo siento por lo de antes, por no revelar que deje con Ned… y por no contaros esto antes. Os merecéis la verdad.

Kai se quitó los guantes y mostró el corte en su mano.

—Hace dos meses, un hombre nos atacó a Ned y a mi cuando estábamos juntos un parque. Ese fue el incidente que provocó que Ned quisiera mudarse.

—Dios mio, Kai… —Ashley casi no podía contemplar la herida.

—Déjame ver —Su padre se adelanto y comenzó a examinar el corte—. Tuviste mucha suerte, por un par de milímetros, el corte no alcanzó los nervios. Podrías haber perdido el uso de la mano o peor.

—Lo se, ahora esta bien, solo me duele un poco a veces.

—Todo ese tiempo, en el hospital… —dijo su madre—. ¿Porqué no nos dijiste nada?

—La misma razón por la que apenas os he contado sobre lo que me pasó en las calles. ¿Cómo se puede comparar con Teress? No necesitáis esa carga.

—No eres una carga, Kai, nunca lo has sido —Su madre se acercó a elle, pero Kai evitó un abrazo.

—Estoy bien, no hace falta…

—Kai, ¿porqué te quedaste en Brubak? ¿Porque no te fuiste con Ned? —interrumpió su hermana.

—Esa ciudad es lo más cerca que puedo estar de vosotros. Por años estuve sole, sin saber si estabais vivos, solo capaz de escuchar sobre los campos, la guerra, rodeado de odio… yo no os quiero abandonar de nuevo. Lo siento, no me importa lo que me pase, no os voy a dejar.

Kai contuvo lagrimas.

—No lo hagas entonces. No vueltas a Brubak.

Todos miraron a Ashley tras decir esas palabras.

—¿Que? No puedo hacer eso, Ashley, me vendrían a buscar, sería un enorme incidente —objetó elle.

—¿Y qué? Como si los de afuera tuvieran autoridad alguna aquí. Te podemos defender.

—Ashley, entiendo como te sientes —intervino Jamelle—. Pero hay que tener cuidado, nosotros no podríamos protegerle solos, elle podría ser herido o peor.

Ashley se levantó y por un segundo, los insectos se revelaron en furia.

—¡Papa por favor, por un momento, deja de…!

—Ashley, tu padre tiene razón —dijo Erin, que se puso entre los dos—. Kai no se puede quedar en Teress así.

Elle lo comprendió, pero aún le dolió escuchar esas palabras.

—Pero podemos hacer una petición —siguió su madre—. Dada tu situación, Kai, es posible que clasifiques como un refugiade. Podemos contactar con Conglor, explicar la situación, que nos apoye en esto con la guardia local. Ellos podrían protegerte, vender esto al público. Y si se niegan…

—¡Iremos a Judith! —casi gritó Jamelle.

—¿Papa? Pero Conglor son tu…

—No serán mi candidato si rechaza a mi hije. Siento lo de antes, Ashley, sin embargo, lo puedo aceptar si somos precavidos y lo planeamos bien.

Kai no podía creer lo que estaba pasando, mirando a su familia con incredulidad.

—¡No, no podéis hacer esto, ya tenéis bastantes problemas! ¿Porque deberías lidiar con los míos? ¡No hace falta que sufráis!

—¡Tus problemas son nuestros problemas! —Su hermana agarró su mano con fuerza—. No puedes comparar sufrimientos, Kai, porque sufrimos juntos. Somos tu familia y si es lo que quieres, estaremos juntos.

—Pero… ¿qué pasa si…

—Kai, no te preocupes por eso —le interrumpió su padre.

—No te preocupes por nada —aseguró su madre—. Solo dinos lo que quieres.

Kai comenzó a llorar.

—Quiero estar con mi familia.

Los Sverik se abrazaron, juntos por fin.

FIN