No hay nada más que la Carretera

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Era una zona escondida en las profundidades de la realidad, un pequeño trozo de algo que había crecido demasiado para vivir en el planeta. No había interés hacia el ínfimo exterior, pero de vez en cuando, interactuaban y el universo cambiaba como respuesta: en esta ocasión, se construyó una carretera.

La carretera GL268, que nacía de un corte de la autopista Norte, no duraba nada más que cuatro kilómetros, con un asfalto que se mezclaba muy ocasionalmente con roca negra y no llevaba a ningún destino. Estaba rodeada por un pantano oprimido por una pesada niebla negra, un lugar que normalmente daba resultado a una gran variedad de fauna y flora que prosperaba en esos entornos. No aquí. No había vida en estos lares, solo sus cadáveres cubiertos por el barro.

Una noche, dos formas de vida llegaron a la carretera. Una estaba hecha de metal, sin mente alguna, echando luces y movida por una chispa de electricidad y la quemada de viejos cuerpos. La otra estaba en su interior, de carne y hueso, con migajas de inteligencia. Pertenecía a esa especie de mamíferos que se pensaban importantes, que sus travesuras hacia la Tierra significaban el fin de todo, cuando apenas habían rascado la superficie del mundo, del significado de su existencia. Pero ese mamífero en particular iba a ser diferente. Hoy aprendería mucho.

La vida metálica murió y se sumió en la oscuridad de la carretera. La vida restante salió del difunto y saco de su bolsillo un pequeño rectángulo. Otra pequeña forma de vida, demasiado minúscula para morir, pero sus llantos al exterior fueron fácilmente acallados. La presa estaba sola, indefensa, lista para la educación.

Pero el intruso llegó antes de que eso pasara. El mamífero notó lo que no había estado ahí segundos antes: un cartel, un anuncio falso con números, un ritual para invocar a esa cosa que los alrededores odiaban. Y así lo hizo la presa.

—Consorcios de Asistencias,departamento de asfaltos IH, ¿en que podemos ayudarle?

—¡Gracias a dios!—respondió la presa—.¡Mi coche se detuvo de repente y no podía alcanzar a nadie! Mi nombre es Félix, estoy en la carreteraGL268,en…

—Conocemos muy bien esa carretera, señor Félix. Debería estar cortada, pero suponemos que no lo estuvo para usted, ¿ no es así?

—Si, ¿que importa eso ahora? ¡Tienen que enviar a alguien a recogerme!

—Me temo que no podemos enviar a nadie en estos momentos, pero aún le podemos ayudar. Puede salir usted de ahí y escapar caminando. No es un trayecto muy largo, en menos de una hora estará usted en su destino.

Unos extraños sonidos salieron de la presa.

—¿Estas bromeando? No voy a caminar en la oscuridad por una hora, ¿qué clase de servicios…

—Señor Félix, usted esta en peligro. Esa carretera se ha cobrado un gran número de victimas. Se que puede resultar inverosímil, pero créame cuando le diga que usted corre un gran peligro.Hay un motivo por el cual su coche no funciona y no ha podido contactar con nadie aparte de nosotros.

La presa pareció dudar, no convencida, aún apegada a las falsedades de su realidad.No obstante,no tenía opciones, así que aceptó la ayuda del intruso.

—Muy bien, Señor Félix. Escuché atentamente lo que vamos a decirle a continuación. Para salir de ahí, tiene que obedecer estas reglas: Una vez empiece a caminar, no pare y pase lo que pase, no se salga de la carretera.Trate de mirar lo menos posible a sus alrededores, no debe de prestar atención a las señales, a los carteles o al pantano. No cuelgue el teléfono y por último,se que esto le puede causar problemas, pero debe dejar sus utensilios personales, como su cartera atrás. Puede dejarlos junto a su coche y más tarde enviaremos a alguien a recogerlas una vez usted esté a salvo.

Eso era una mentira.Nunca había conseguido arrebatarle algo a la carretera que estaque ya había dominado.El mamífero, lleno de confusión y estúpida ira, decidió seguir sus instrucciones,avanzando, su mirada al frente, escapando de su destino. El intruso le estaba alejando de la verdad con esas ordenes, pero no todo estaba perdido. El mamífero no obedeció la última regla, pues el pequeño cadáver donde guardaba recuerdos, mentiras y papeles verdes, compuesto de piel de animal, permaneció en su ser.

Era más que suficiente.

Tras unos quince minutos de camino, la presa no pudo evitar ver detalles a su alrededor: un árbol partido en dos por un relámpago, los restos de una vaca que se hundían en el lodo, una señal de trafico cuyo significado había sido erradicado por el tiempo.

—Señor Félix, por favor, deje de prestar atención al pantano. Solo mire al frente.

—¿Qué? ¿Cómo lo sabías?

—También sabemos que aún tiene su cartera en su disposición, pero entendemos que no vamos a convencerle de eso y no importa a estas alturas. Incluso con ese fallo, aún puede escapar. Pero no debe de mirar al pantano, ¿entiende?

—No, no entiendo porqué demonios mirar a mi alrededor es un error. Cuando todo esto acabe, voy a presentar una demanda, ¿sabe? voy a… ¡Espera!

La presa se silenció al ver a la forma metálica a unos metros enfrente suya. Estaba al otro lado de la carretera,vacía, pero con obvios signos de vida.

—¡Mi coche! ¿Como puede estar aquí? No le vi pasar… pero, ¡parece que funciona!

—Señor Félix, ¿acaso le tenemos que advertir de que esto es una trampa? Si no lo ha visto pasar, es porque no es su coche. No se suba ahí.

—Estas diciendo gilipolleces, este es mi coche—La presa se acercó a la forma metálica y notó una marca en su piel—.¡Tiene hasta el corte que me hizo un idiota hace un par de meses! Me estoy cansando de su actitud y de estar caminando en este frio, así que me voy a montar en mi…

—¡Si toca esa cosa, no volverá a ver a Lisa!

Si, por supuesto que el intruso también la conocía. La novia de Félix, que le esperaba en su destino, de volver a trabajar, con una cena lista y su película favorita. En la patética mente de la presa, Lisa era casi omnipresente, todo tipo de pensamientos y recuerdos de ella. En uno de esos momentos, la presa la golpeaba y le gritaba tras una discusión. No,no era una realidad, no había pasado, era un temor, un miedo.A pesar de sus problemas, de su estúpida ira, la presa no la había tocado, no le había gritado nunca, pero temía hacerlo.

Qué patético.

Pero el nombre funcionó, la presa dudó y no tocó el vehículo, que al darse cuenta de que ya no podría tentarle, fue entonces tomado por el pantano.

—¿Qué? ¿Cómo diablos sabes su nombre? ¿Me has estado espiando?

—Señor Félix… su “coche” acaba de desaparecer, ¿no es así? Se ha movido sin nadie a bordo. Ya debe comprender que no se enfrenta a un peligro tradicional, así que por favor, acepte que somos más capaces que otras empresas. Somos los únicos que podemos ayudarle en esta situación y contrario a lo que le rodea, queremos salvarle.

El mamífero pareció entender su situación y aceptó en cierta medida al intruso, pero como el petulante infante que era, demando más.

—Vale, pero quiero respuestas, ¿Que diablos es este sitio? ¿Esta embrujado o algo así? ¿Y quién eres tú? Ahora que lo pienso,incluso con tu voz,no he podido darme cuenta si eres un…

—No creo que saber nuestra identidad le ayude, Señor Félix. En cuanto a la carretera…no, embrujado implica que hay algo más que la tierra ahí. Pero no, no ahí nada más que un trozo de existencia que no debería existir, al que la humanidad no debería entrar. Por eso cortamos la carretera, para evitar eventos como este. Sin embargo,de vez en cuando, aún puede atraer a presas como usted.

El aludido recordó que debía volver a caminar.Pero había pasado demasiado tiempo en el mismo lugar y el paisaje a su espalda cambió.

—¿Qué? ¿Acaso la tierra va a comerme o algo así?

—No, eso no es a lo que nos referíamos como presa. Solo entienda que es algo que tiene que evitar a toda costa…Nueva regla,Señor Félix, trate de no mirar detrás de usted ¿vale? Mientras más errores cometa, más peligro correrá.

A pesar de su confusión, la presa obedeció y continuo con la vista enfrente. Pero aunque trató de no prestar atención, tras otros quince minutos, no pudo evitar ver los detalles:los despojos de una vaca que se hundían en el barro, un árbol cortado por un relámpago, una seña de trafico cuyo significado había sido devorado por el tiempo.

—¡Espera, espera! Esto… lo he visto antes. ¡Estoy dando vueltas!

—No, no lo esta haciendo, Señor Félix. Es un truco, esta haciendo progreso.

Sí el intruso no estuviera aquí, no sería una ilusión. Podría haber sucedido de verdad, la piel del espacio doblándose en si mismo, el tiempo perdiendo significado… la presa hubiera sufrido de verdad. Más no importaba, pues otros acontecimientos estaban ocurriendo. Cosas nacían a la espalda del mamífero.

La trampa ocurrió diez minutos después,dentro de la carretera, carteles y señales, que la presa no trató de ver al principio, pero charcos de agua reflejaban de forma imposible su mensaje:

Deberías romperle la boca a esa zorra.

—No, nunca lo he…

—No preste atención, Señor Félix, no piense en eso, solo esta jugando con usted.

La presa no necesitaba que le dijeran eso, más era incapaz de evitar que su mente cayera en esas incertidumbres. Y mientras más lo hacia, más carteles nacían. Pero eran solo la distracción.

Sabes que estaría más guapa con un moretón.

Prueba que eres un hombre, Félix, demuestra tu valía.

Se lo merece. No te respeta, Félix, nadie lo hace. Hazlo, Félix.

Parte su cabeza en dos con el bastón de tu padre.

Pues la presa la escuchó a sus espaldas. Era su voz.

—¡¿Qué, donde estoy?! ¿Félix? ¿Eres tú?

Era ella, sonaba como ella.

—¿Lisa?

—¡Félix! ¡No se lo que ha pasado! Estaba en casa y… y...ahora estoy… ¿Qué es este lugar, una carretera? ¿Por qué estas aquí? ¿Donde esta el coche?

El mamífero casi se volvió, pero se detuvo y siguió caminando. Liquido salía de su cara.Cuestiono al Intruso:

—¿No…no es ella, no es así? ¿Esa no es Lisa?

—No, sabríamos si un ser humano aparecería en esa zona con usted. No hay nadie a vuestras espaldas, señor Félix.

—¿Estas seguro? ¿De verdad estas seguro de que no es ella? ¡¿No puede haberla transportado o algo así?!

—No, Señor Félix, si pudiera hacer esto, no se molestaría en engañarle para que entre en la carretera. No puede controlar nada fuera de esta zona. No es ella.

Ella se sentía real.

—¿Félix? ¿Qué estas haciendo? ¡Ayúdame por favor! No puedo caminar bien y… hay algo en el pantano. ¡Félix, por favor!

La presa la ignoró.

—¡Félix, por favor, Félix! ¡Ayúdame, por…

Lisa gritó mientras pudo. La presa escuchó el quebrar de costillas, la rotura de piel y órganos,el intento de pulmones de respirar y al final,la caída de basura inmóvil a la carretera.

Entonces, silencio.

—Esta viva, Señor Félix, la volverá… a ver. Se lo prometemos.

La presa no contestó con palabras, sino con extraños sonidos y lloriqueo. Al poco, se calló, moviendo solo sus pies.

Te pusiste cachondo al escucharla morir.

—¿Cuanto queda para salir? No… no puedo aguantar esto mucho más… quiero salir de aquí.

—Unos…di… minutos… camin... Señor Fel…

—Espera, ¿qué esta pasando? No te oigo bien.

—Interf…solo siga en…tera... no… iede? ¡No…otros!

El intruso se calló.

—¡No le oigo! ¡Le estoy perdiendo! ¡Por favor, no me deje solo!

—…Perdona, hubo unas interferencias, pero se ha arreglado. Continué, míster Félix.

—Oh, dios, gracias… no se que podría hacer sin ti.

Incluso si sobrevives, vas a hacerle daño, Félix.Es tu naturaleza.

—No se preocupe, míster Félix,no esta solo. Estoy contigo. Siga su camino, le queda poco.

Y en efecto, la presa vio una señal que notificaba el fin de la carretera a unos 500 metros.

—Ahora escuche lo que voy a decirle, míster Félix. Miré a un lado de la carretera. ¿Ve el camino de tierra? Esa es la manera de salir de aquí.

A la derecha, había un camino que cortaba por el pantano y se movía de forma perpendicular con la carretera hasta la oscuridad. Eso era cierto.La presa se paró.

—¿Qué? Espera, espera, ¿ no me dijiste que no debía salir de la carretera? ¿Qué solo debía seguir caminando?

—Sí, dije eso, pero reglas cambian, míster Félix…

—Míster…¿ a que viene eso ahora? Y antes te referías a ti mismo en plural.

—Eso no importa ahora, míster Félix. Haga lo que le digo.

—No eres ellos, ¿no? Eres esta maldita carretera, ¿no es así?

—…No, no lo soy, pero sí le estoy ayudando a tomarte,presa. Debería mirar atrás.

—¡Jódete! ¡Pierde el tiempo con tus estúpidos trucos! ¡Haz lo peor, hijo de perra, no voy a mirar! ¡Voy a volver a casa!

—Oh, presa… tu permiso ya no es necesario.

El mamífero colgó, aceleró sus pasos y escuchó pasos a su espalda.Al principio, eran iguales a los suyos,hasta que empezaron a cambiar y se volvieron más ruidosos, grandes y extraños. Se acercaron y la presa sintió una presión en sus costado, garras inexistentes que atravesaron una frágil piel y fueron separando la carne como si fuera mantequilla. El mamífero gritó,luchó y se escapó, pero una mano agarró su pie. Se tropezó, pero consiguió mantener su postura y liberarse de pezuñas que habían alcanzado hueso. Un cartel se derrumbo delante suya.

¡Descuartiza...

El mamífero no se molestó en terminar de leer,evadió la señal y perseveró, cada vez más cerca de la salida.Una linea invisible atravesó su hombro y con el crujido de huesos,le forzó a retroceder.Otro grito ahogado por el dolor. La basura flaqueó y cayó al barro, pero cerró los ojos a tiempo.Era un problema fácil de arreglar, puesto que cuchillas comenzaron a abrir sus parpados, para que pudiera por fin aprender.

No lo hizo.

Con su rostro cubierto por lagrimas rojas, alzó su pequeña forma de vida y antes de que pudiera ver, apretó un botón. Luz cegó al mamífero de la verdad, que aprovechó el momento para levantarse y correr. Cosas empezaron a cambiar como respuesta, pero era demasiado tarde.

Félix escapó de la zona y se encontró a escasos metros de su casa, ensangrentado, desorientado, pero vivo. Lisa no tardo en verle y llamar a una ambulancia. Mientras esperaban, recibieron una llamada del intruso, que explicó la situación y proporcionó pruebas de lo ocurrido.

No importaba si Félix y Lisa revelaban lo que había pasado a sus autoridades.No podrían hacer nada. La zona permanecería igual que antes y tarde o temprano, habría más interacciones, más inválidos mamíferos en la carretería. Y aprenderían, de una forma u otra, la verdad sobre sus humanidades.